La asociación civil Puentes de Luz de San Martín de los Andes enfrenta un riesgo real de cierre a veinte años de su fundación, debido a la deuda acumulada del programa nacional Incluir Salud, que no abona los servicios prestados desde noviembre de 2025, y a la desactualización de los aranceles que hace económicamente inviable su funcionamiento. La organización, que gestiona el único Centro de Día para adultos con discapacidad en la localidad, emitió un comunicado urgente en el que exige al Estado el cumplimiento de sus obligaciones legales.
«No pedimos privilegios; exigimos que el Estado cumpla con su obligación legal e indelegable de pagar por servicios que ya hemos brindado con excelencia», expresaron desde la institución, fundada hace dos décadas por un grupo de familias que decidió que la discapacidad no fuera sinónimo de aislamiento en la adultez. El Centro de Día cubre un vacío que ni el Estado nacional ni el provincial resuelven en San Martín de los Andes: «Cuando un joven con discapacidad finaliza su período educativo, el Estado simplemente desaparece. Allí es donde Puentes de Luz se hace presente».
Durante estos veinte años, la organización construyó un modelo de autogestión para brindar atención gratuita: puso en marcha el emprendimiento «Sabor Natural» con mermeladas, abrió un local en el Aeropuerto Chapelco, instaló un Food Truck en la Plaza Centenario, tejió alianzas con el sector privado y organizó eventos para generar recursos propios. «Nos hemos negado a ser sujetos pasivos de la asistencia», subrayaron.
La organización valoró el apoyo que en distintos momentos recibió del Estado Provincial y reclamó que se retome ese acompañamiento: «Ayudas que en su momento fueron sustanciales y hoy serían vitales para nuestra proyección, como lo han hecho otros estados provinciales sosteniendo a las organizaciones que cumplen funciones donde el Estado no es idóneo».
El comunicado concluyó con un llamado urgente a la comunidad y a los funcionarios: «No permitamos que 20 años de historia se pierdan por la indiferencia. Somos actores sociales que estamos en peligro, y con nosotros, el futuro de muchos adultos con discapacidad que no tienen otro lugar a donde ir».







































